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Némesis;

domingo, 18 de julio de 2010,7/18/2010



No fue difícil hacerte caer. Sin piedad alguna me lancé encima de ti y aplasté tus brazos con mis manos, inmovilizándote en el acto. Adoraba el gesto de incredulidad, mezclado con dolor, que tenías puesto y seguramente por eso me di unos minutos para contemplarte tranquila. Oí tus sollozos deleitándome con el sonido, olisqueé el metálico aroma de la sangre que brotaba de tu mejilla izquierda, producto de la batalla que tuvimos hace unos momentos atrás, y observé con minuciosidad como las lágrimas se resbalaban por tu horrible rostro.
Quería continuar, saciar la sed que se presentaba en mi corazón, silenciar la vocecita molesta que me gritaba que cortase todo de una vez.

Con lentitud bajé mi rostro hasta que mi boca quedó al lado de tu oído.
—Sabes que esto es tu culpa, ¿cierto? —susurré lentamente, alargando el momento para disfrutarlo.
Tú negaste con la cabeza, sin dejar de poseer aquel gesto de pánico en el rostro. Ello me hizo sonreír un poco.
—¿Es en serio? —te consulté sin creerlo.
No me respondiste, te limitaste a clavar tus vidriosos ojos en los míos. Supongo que no sabías que nada iba a detenerme, menos aquel signo de sumisión y debilidad.
—¡Imbécil! —grité y con una mano te jalé del cabello, de aquella melena negra que tanto te gustaba.
Me secundaste, chillaste entre los sollozos, intentaste alejarme de ti, pero eras demasiado torpe y frágil como para ser capaz de hacerme retroceder.
—¿Por qué? —mascullaste dándote por vencida, dejando caer tus pequeñas manos al piso.
—¡Porque no mereces vivir! —te espeté sin dudarlo un momento.
Me coloqué de pie y separé de ti, sólo para recuperarme un poco, verte me hacía sentir enferma. Tu rostro anonadado, las lágrimas vertiéndose en el piso, los débiles susurros… todo me irritaba a tal punto que parecía herirme.
—Por favor…
Saqué las tijeras del bolsillo, las observé de forma meticulosa y acaricié la fría y filosa hoja. ¡No quería oírte! Definitivamente tenía que matarte ahora mismo.
—Oye, Pelo, no puedes decirme que no has pensando en esto antes —me giré a verte, sonriendo con amplitud y con las tijeras frente a los labios.
Intentaste huir, te colocaste de pie, pero gracias a los nervios y tu propia ineptitud terminaste por caer de todas formas.
Desde esta distancia podía ver como tu cuerpo se sacudía violentamente gracias a los sollozos y que tus músculos temblaban. Sufrías, pero hacerlo sólo era rutina para ti. —Deberías considerarlo un favor —comenté, mientras avanzaba lentamente hacia ti—, será un descanso.
No sé si bien mis palabras o el terror fue lo que te inmovilizó en el piso, pero lo que fuese era más fuerte que tu sentido de supervivencia, porque lo sabías tan bien como yo… no iba de detenerme hasta verte muerta.
Me paré delante de ti, mas esta vez no me abalancé hacia ti, me quedé observando tu espalda por unos momentos. No estaba dudando, sólo esperaba ver si eras capaz de darte una oportunidad, o si deseabas tanto como yo esto.
—Oye, Pelo, ¿lo has decidido ya? —te inquirí curiosa.
Diste vuelta el rostro para mirarme, tus ojos azules se veían enrojecidos e inflamados por el llanto, tu piel estaba sucia, la herida en tu mejilla tenía algo de lodo, y tus labios tiritaban sin control. Lo habías aceptado, tal y como lo había pensado.
Solté un par de carcajadas y me agaché hasta donde estabas para mirarte de frente.
—Ésa es la Pelo que conozco, la cobarde, estúpida y débil niñita que no es capaz de levantar la mirada cuando la ven, que no puede gritar, ni pelear y sólo se tapa los oídos y cierra los ojos para tratar de escapar de la realidad, en vez de aceptarla y combatirla.
Abrí las tijeras frente a tu nariz, acercándola un poco más para que el frío metal tuviese contacto con tu piel.
—¿Puedes explicarme por qué no me amas, Pelo? —Te tomé del cabello y me puse de pie, tirando de éste— ¿Cuál es la razón? ¿Por qué ellos lo dicen?
Pero no respondías, te limitabas a dar gemidos, producto del dolor, y a llorar por la vida que no tuviste.
—Te amo, Pelo, tú sabes que lo hago.
Con un movimiento rápido y suave corte tu melena negra, las tijeras atravesaron cada cabello con facilidad, gracias a su filo. Producto de ello caíste de nuevo al piso, golpeándote la cara contra el piso, provocando un sonido que retumbó en el lugar, haciendo eco.
—Por favor… por favor… —mascullabas entre dientes.
Observé la montonera de cabellos que tenía en mi mano, los recuerdos de los problemas que me había acarreado gracias a ellos me obligaron a lanzarlos lejos. El viento los esparció más aún, perdiéndolos en la enorme ciudad.
Agaché la cabeza para contemplarte mejor, por ello un mechón cayó a mi rostro, en seguida me lo coloqué detrás de la oreja, ya que me dificultaba un poco la vista. Sonreí un poco ante la horrible ironía.
—Mírame, Pelo, quiero ver tus ojos azules por primera y última vez, ahora que ya no tienes donde esconderlos.
Pero no te volteaste, intentaste arrastrarte lejos de mí, ¿pero, para qué? Sabías que todas formas no había donde huir.
Me agaché y agarré tu pie, tiré de este para atraerte y me posicioné arriba de ti.
—Esto se va a acabar ahora, Pelo —sonreí y llevé la mano con las tijeras hacia atrás, para tomar vuelo y así clavártelas rápidamente—, porque te amo.
En el momento en que incrusté la punta de las tijeras en tu ojo gritaste tan fuerte que incluso yo quedé algo atontada. Me detuve y solté la herramienta de inmediato, sin embargo no retrocedí, mi cuerpo no me lo permitió.
Observé con horror, pero al mismo tiempo satisfacción, como retorcías tu pequeño cuerpo debajo de mí, como tus brazos se movían sin control, yendo hacia la herida y hacia tu boca, como si quisieras evitar continuar chillando.
Tu rostro estaba cubierto del líquido escarlata, no obstante… podía ver tus ojos. Me contemplabas apenas, llorosa y aterrada, pero lo hacías.
—Te amo, Pelo, pero necesito continuar —me sinceré—, no puedo hacerlo si no me deshago de ti y de todo lo que significas.
Mas no me hacías caso, continuabas en tu algarabía, concentrada en tratar de sacar el dolor de tu cuerpo de alguna manera.
—¿Alguna vez dijiste que me amabas? —te grité, tomándote del cuello de la camisa. Callaste y me observaste con la boca abierta, tiritando aún más que antes— No… ¿no es cierto? —Por supuesto que nunca lo hiciste— Entonces, ¿no es justo que te mate?
Podía verlo en tu expresión, seguramente deseabas que te dejase ciega para que así no tuvieras que soportar mi amplia sonrisa, ni mis ojos clavados en tu rostro. Mas esa no es mi intención, Pelo, vas a tener que verme disfrutar, aunque sea sólo con un ojo.
—Después de todo… te amo, Pelo.
Llevé mis manos a tu diminuto y delgado cuello, intentaste detenerme, colocando tus extremidades encima de las mías y ejerciendo fuerza, pero era demasiado tarde para ti… y para mí también.
—¡Basta! —mascullaste apenas, pero te detuve a tiempo, apretando tu garganta con fuerza.
Luchaste un poco, golpeándome sutilmente con tus pies en el estómago. Lastima que eras una niña, que eras débil y torpe.
Pasaron unos minutos, y ya no te movías, tu mirada estaba perdida y el gesto que llevabas era de nada, de muerte.
Me levanté con cuidado de no pisarte, tenía la nimia esperanza de que me imitaras y corrieras lejos de aquí al verme retroceder, mas no fue así, continuaste inmóvil en el piso, sin pestañear siquiera.
Quería llorar y huir de aquí, dejar de contemplar el cuerpo pequeño de la niña que alguna vez fui, la enana estúpida y fea que no podía defenderse sola, que dejaba que todos la pisotearan, que permitía que la llamasen Pelo, porque la única defensa que hallaba era esconder su rostro detrás de esa manta negra de cabellos.
Sin embargo… tenía que hacerlo, destruir y olvidar lo que alguna vez fue el comienzo de la paranoica e insensible que ahora soy.
Te miré de soslayo, contemplando especialmente tu rostro deforme y ensangrentado.
—Enid —te sonreí un poco—, te amo.

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3 comentario(s) / agrega un comentario.
3 comentarios:
Blogger Ruru ha dicho...

Morí, te juro que morí Hi-chan x'D
Por cada oración que avanzaba me llenaba de un vacío y una fea sensación, cosa que nunca me pasa... Pero por suerte se me fue -bastante- al leer el final x'D
Dios mío, sí que Gumi y Mosaic Roll te dieron una buena idea xD Asdfgh, ¡Me encantó! *grito fangirl*
Awesome, realmente ;w;

18 de julio de 2010, 23:05  


Blogger Loca Desvariada ha dicho...

Me ha gustado mucho la entrada, es un buen relato que te deja queriendo saber más
Te sigo!
Un muá y te me cuidas !

20 de julio de 2010, 23:36  


Blogger Maggy... ha dicho...

Hola Fuu! Soy Solagne, maggy, etc XD
Esta muy bueno tu relato, me ha gustado bastante aunque me faltó un poco más de suspenso, no sé, tal vez por un asunto de puntuación.
Bueno, que estes super!
Un saludo :)
Ahora que te pillo te he agregado a mi lista de blogs! :D

17 de agosto de 2010, 21:27  


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